Problemas de un despacho de extranjería: qué hace ImmigraFlow y qué no
25 sitios concretos por los que se pierde un expediente o se va el margen de un despacho. En cada uno está lo que suele pasar, lo que hace ImmigraFlow y también lo que no resuelve.
Control de plazos en extranjería: requerimientos, renovaciones y agosto
- Requerimiento de subsanación: diez días hábiles y alguien tiene que vigilarlos
Es el que más duele, porque no se pierde el expediente por el fondo del asunto sino por un plazo. Y porque el plazo era corto, llegó por vía electrónica y no había nadie mirando.
- La notificación de extranjería estaba en el buzón sin abrir y el plazo corría igual
No hace falta leer una notificación para que empiece a contar. Basta con que se entienda practicada. Ese es el detalle que convierte una semana de vacaciones en un expediente perdido.
- Renovación fuera de plazo: la tarjeta caducó y el cliente ni se enteró
Un expediente terminado deja de mirarse. La tarjeta caduca dos años después, y para entonces el cliente ya no se acuerda de que había que renovar y el despacho ya no tiene ese caso abierto.
- Agosto es hábil en extranjería: los plazos siguen corriendo y el despacho está a medias
Los plazos administrativos no se van de vacaciones. La plantilla sí. Es la combinación que hace que agosto sea el mes en el que más cosas se escapan.
- Denegación de extranjería: el plazo de recurso empieza antes de que el cliente conteste
Entre que se lee la resolución, se le explica al cliente, se decide si merece la pena recurrir y se acuerda el precio, se van los días. El plazo no espera a esa conversación.
- El pasaporte caduca con el expediente ya presentado
Se presentó todo en regla. Mientras la Administración resuelve, el pasaporte del cliente llega a su fecha. El expediente no se cae solo, pero cualquier trámite que venga detrás se complica.
- Empadronamiento caducado: se queda viejo mientras reúnes lo demás
Es el documento que más veces hay que volver a pedir. No porque sea difícil de conseguir, sino porque es el primero que se junta y el último en presentarse.
- Antecedentes penales caducados: el certificado deja de valer y no lo pone en ninguna parte
El papel no dice nada. No hay fecha de caducidad impresa, no hay aviso, no hay sello rojo. Simplemente se expidió hace demasiado y en ventanilla ya no lo admiten.
- Después de la concesión todavía quedan plazos: TIE, huellas y jura de nacionalidad
La resolución favorable se celebra, se cobra y se archiva. Y justo ahí empiezan los plazos de los que casi nadie se acuerda, porque el caso ya figura como ganado.
El EX relleno en la sede sin teclear un NIE: extensión para Mercurio y tasa 790
- Formulario EX mal rellenado: una casilla mal marcada y semanas de espera para enterarte
El error en un formulario no duele cuando lo cometes. Duele cuando vuelve, meses después, convertido en un requerimiento con su plazo y su cliente preguntando qué ha pasado.
- La tasa 790 pagada con el modelo que no era
Se paga en cinco minutos y se arregla en seis semanas. El importe está bien, el justificante está bien, pero el código del modelo no corresponde al trámite que se presenta.
- Nombre distinto en el pasaporte y en el certificado: cada documento dice una cosa
Mohamed con una eme o con dos. Un apellido que en su país va delante y aquí va detrás. Una fecha de nacimiento que en el acta es una y en el NIE es otra. Cada documento es correcto por separado.
- No hay cita previa de extranjería: qué decirle al cliente y qué hace el programa
Todo preparado, el cliente avisado, y el hueco no aparece. Es el punto del trámite en el que el despacho queda peor ante el cliente y menos control tiene.
Menos llamadas de "¿cómo va lo mío?": portal del cliente, WhatsApp y su idioma
- El cliente llama otra vez para saber cómo va su expediente de extranjería
La respuesta casi siempre es la misma: seguimos esperando. Y aun así hay que cogerla, buscar el expediente, mirarlo y contestar. Diez minutos, veinte veces por semana.
- Pedir documentos al cliente sin llegar al tercer recordatorio por el mismo papel
No es difícil, no es jurídico y no se cobra. Es escribir otra vez a alguien que ya sabe lo que tiene que mandar, y hacerlo con quince expedientes a la vez.
- Lista de documentos para el cliente: se le dio y vuelve con la mitad, y mal
Trae un certificado que no es ese, una fotocopia donde hacía falta original, y le falta lo que más tarda en conseguirse. Y hay que citarle otra vez.
- Cliente que no habla castellano: todo el trámite lo está y él no
La norma está en castellano, el formulario está en castellano y la resolución también. El cliente no. Y lo que pasa entre medias es que alguien del despacho traduce todos los días.
Qué expediente está parado y quién lo lleva: reparto, permisos y avisos
- Si la persona que lo lleva todo falta una semana, el despacho se para
Funciona hasta que deja de funcionar. Una baja, unas vacaciones o una marcha, y de repente nadie sabe qué vence, qué falta ni qué se le prometió al cliente.
- Repartir expedientes y permisos sin que todo el mundo lo vea todo
En un despacho de tres personas todo el mundo ve todo, y funciona. En uno de ocho, con personal en prácticas y colaboradores externos, deja de ser una buena idea.
- Expediente que llega de otro gestor: el trámite está empezado y nadie sabe qué se presentó
Trae un justificante, una carpeta de fotos en el móvil y la certeza de que lo entregó todo. Reconstruir qué se presentó, cuándo y en qué estado está se lleva la primera semana.
- Checklist de extranjería tras un cambio de norma: la lista sigue pidiendo lo de antes
La hoja que se le da al cliente lleva años funcionando. Cambia la norma, y esa hoja empieza a pedir cosas que ya no hacen falta y a no pedir otras que ahora sí.
- Reagrupación familiar: el cliente es el padre, pero los documentos son de toda la familia
Abres el expediente a nombre de una persona y a los dos días necesitas el pasaporte de la mujer, el libro de familia y los certificados de nacimiento de los niños. Todo va a la misma carpeta y ahí empieza el lío.
- Autorizaciones de trabajo para una empresa: el cliente es la empresa y los papeles son de cada trabajador
Quien paga y quien decide es la empresa. Los pasaportes, los títulos y los certificados de antecedentes son de personas que no van a entrar a ningún portal ni te van a contestar al primer correo.
Cobrar el expediente entero: pagos a plazos, recordatorios y VeriFactu
- Honorarios cerrados: el expediente se presupuestó cerrado y llevó el triple de trabajo
El precio se cierra al principio, cuando todavía no sabes que el certificado va a venir mal tres veces y que el cliente va a llamar cada semana. El margen no se pierde de golpe: se va en ratos.
- Cobrar la segunda mitad del expediente: la provisión se cobró sin problema y el resto cuesta
Al principio el cliente paga, porque quiere que empieces. Al final el trabajo ya está hecho, la resolución ha llegado, y perseguir el resto es un trabajo aparte que nadie presupuestó.